Sábana blanca

Hay un muerto sobre el pasto a pocos metros de la ruta en la entrada de Monte Hermoso. Tiene una sábana blanca encima. Dos policías colocan una cinta entre dos árboles. Un tercer policía fuma parado. Esteban, las nenas y yo pasamos y vemos todo desde el auto en movimiento. Recién almorzamos ahí nomás, en la YPF. Esto fue hace poco, pienso.

—Dá la vuelta, pasá de nuevo —digo a Esteban que maneja.

Deduzco que fue un homicidio. Que ahí hay un hombre asesinado y que dentro de un rato saldrá en los medios. Pero busco en las noticias locales y no sale. Recién a la noche pienso en por qué asumo que ahí hay un hombre si tranquilamente —cómo no— puede ser una mujer. Escribo algo sobre esto en Twitter y alguien de Monte Hermoso pone: “¿Será el chico que se suicidó?” y muestra un mensaje de condolencias de un colegio secundario.

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Desde que empezó la pandemia es tanto lo que se habla de sufrimiento y salud mental —al fin— que el suicidio, de estar escondido en susurros ahora salta entre las redes medio en chiste y “hoy estoy para el corchazo” o en serio, tipo mazazo.

Como el video de hace poco de un chico de 15 que se quiere tirar a un tren en Liniers y el conductor lo ve y alcanza a frenar y entonces varios que andan por ahí van y asisten al chico hasta que llega una ambulancia y alguien se lo lleva abrazado por la cintura.

O la entrevista a un jugador de Boca al que le preguntan por el resultado de un partido y dice “hace tiempo que vengo golpeado, la pandemia me quitó a mi hermano”.

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Mi tío Adiotino se suicidó. No lo conocí. Cuando eso paso él tenía 33 y mi papá, 18. Dicen que era un tipo callado y que leía mucho. Tengo un par de libros suyos en mi biblioteca. Hemingway, Nietzsche. Pasaron 60 años y mi papá todavía paga sus gastos en el Cementerio Municipal de Bahía Blanca.

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Cuando trabajaba en la redacción de La Nueva Provincia hace más de una década los suicidios no salían porque se creía que podía haber un efecto contagio. Pero entonces las redes no eran tan masivas ni transversales ni estaban tan por encima de diarios, radios y canales de televisión. ¿Se puede establecer hoy una correlación entre Instagram e índices de suicidios? ¿La hay?

Lo que sí se recomienda de manera oficial al hablar de suicidio es que se respete la intimidad de la persona y su familia y los términos. El cómo. El suicidio no debe parecer una respuesta entendible o esperable.

Igual y más allá de lo que se diga, Internet es anarquía y no importa lo que digan la ONU, el gobierno ni los códigos de ética de nadie. Como en cualquier otro tema lo que sucede es que si hay que hablar se habla. Vivimos en red.

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Existe un boca a boca en Bahía Blanca y la zona que dice que en 2020 se suicidó más gente. Hay historias concretas que se cuentan en los centros de yoga como el que yo voy en el que antes de la práctica alguien cuenta una historia y luego salta alguien más y cuenta otra, siempre con la mirada incómoda.

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En el libro Los suicidas del fin del mundo la escritora Leila Guerriero investiga una ola de suicidios de jóvenes en Las Heras, Provincia de Santa Cruz, y nunca descubre bien el por qué.

En Mare of Easttown, la serie policial del momento, la protagonista, Kate Winstlet, se la pasa toda la trama enfrentando un trauma asociado al suicidio.

En Inside (Netflix), una especie de comedia musical íntima sobre la cuarentena, Bo Burhman, que se filmó a sí mismo sólo durante un año, muestra lo que significa un encierro de pandemia con un teléfono en la mano. Pero conforme pasan los minutos el relato se oscurece tanto que llega un punto en que Burhman para y dice: “Que quede claro, yo no quiero suicidarme y no voy a suicidarme. Si alguien está batallando con pensamientos suicidas quiero decirle que no lo haga. ¿Ok? No lo hagas. Hay gente que te quiere. Bueno, puede que eso no sea cierto, pero podría haber gente que te quiera en el futuro”.

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Hay academia, lógico. Psicólogos, psiquiatras, religiosos, neurólogos, cada uno tendrá su sector en la biblioteca. Yo no tengo nada y por eso me atajo, pero otra vez, tal vez haya que hablarlo. ¿Sí? ¿Creo eso? ¿O digo “hay que hablarlo” porque suena bien? Si estoy dele nombrar redes, libros, series, documentales sobre suicidio. ¡Ya está hablado!

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Me gustaría leer un estudio de religiones comparadas. Qué dice el budismo, por ejemplo. Si me desapego tanto, pero tanto, que ni vida quiero, ¿qué pasa? El cristianismo creo que le ha dado vueltas con el término purgatorio y las almas. El islam extremista lo puede llegar a poner en un lugar de entrega. El judaísmo no sé. Podría investigar todo esto, pero no. Hay temas sobre los que no dan ganas de leer. ¡¿Entonces qué escribo?! Lo que sí me dan ganas es de pedir perdón por si me estoy equivocando en algo. ¡Perdón! Pero no, estoy tratando de dejar de pedir tanto perdón.

*

Delfines: se cree que algunos se suicidan.

*

Una vez un compañero de trabajo me preguntó si al asomarme a un balcón no había una pulsión inconsciente adentro mío que me decía tirate. No, le dije, al contrario, me da lo opuesto, vértigo.

*

Al chico de Monte Hermoso lo pienso. Lo sueño. No sé quién fue ni cómo y por qué se suicidó. Hace poco el Día de Orgullo Gay soñé que había sido un chico trans incomprendido por su familia. Un par de veces más soñé con él en situaciones que no me animo a contar acá. Así funciona la cabeza estos días. Los asuntos de la época, la pandemia y lo que vemos en redes y en el día a día todo junto en el barullo subyacente de la mente.

Algo comenté a Esteban aquel día en Monte Hermoso, cuando descubrí que lo que habíamos visto no era un homicidio.

—Qué impresión —dije—. Es doble el impacto.
—No, al contrario.
—Cómo.
—Y, en un homicidio es otro el que decide. En un suicidio es uno.

*

Bueno hasta acá. Tal vez haya alguien que estudia en serio que existe una relación entre pandemia y suicidio en la zona donde vivo o al revés, que no, quién sabe. Creo que ahora debe ir este mensaje acá:

****Si vos o algún allegado tuyo está atrapado en una situación a la que no le encuentra salida llamá al 135 (línea gratuita desde Capital y Gran Buenos Aires), al (011) 5275-1135 o al 0800 345 1435 desde toda la Argentina.****

6 respuestas para “Sábana blanca”

  1. Maru, me parece muy bueno lo que escribiste. No estoy al tanto que haya un incremento en el número de intentos de suicidio (los que vemos en las terapias) en los últimos tiempos. Es muy triste que gente joven tome este tipo de decisiones, por lo cual no estoy tan seguro que la mejor opción sea no visibilizar esto por miedo a un efecto contagio. Un beso!!

    1. Hay una resistencia a leer y a escribir sobre estos temas. Por varios factores, no sólo por esa creencia de que puede haber efecto contagio. Es no entender, no saber expresarlo o no querer meterse en temas que son percibidos como muy oscuros. Lo que decís sobre los jóvenes es así, tengo entendido que son los más propensos a tomar a estas decisiones. Nos vemos!

  2. El suicida

    No quedará en la noche una estrella.
    No quedará la noche.
    Moriré y conmigo la suma
    del intolerable universo.
    Borraré las pirámides, las medallas,
    los continentes y las caras.
    Borraré la acumulación del pasado.
    Haré polvo la historia, polvo el polvo.
    Estoy mirando el último poniente.
    Oigo el último pájaro.
    Lego la nada a nadie

    JL Borges

  3. Interesante.
    Igual me quede en el “Dá la vuelta, pasá de nuevo —digo a Esteban que maneja.“, habìa tanta necesidad?.

    En Uruguay, Castillos (Rocha) un pueblo chico tiene el ìndice de suicidios màs alto del paìs, todo un misterio.

    1. Sí, racionalmente está mal que haya querido volver a pasar. Pero soy periodista de formación y la curiosidad me lleva de las narices cuando algo así se me presenta. No sabía lo de Castillos, que difícil.

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