Algo pasa en la YPF

Son las 8 de la mañana del viernes y espero a Esteban en la estación de servicio YPF de Tres Arroyos sobre Ruta 3. Él visita clientes y yo trabajo con la computadora en la cafetería Full. De acá seguiremos a Buenos Aires, pero todavía falta. Me esperan tres, casi cuatro horas acá sentada.

Estoy un 20 por ciento alunada.

En esta YPF no pasa nada.

La 1, la 2 o la 3

Miro a un señor en camisa de cuadros delante mío. Está de espaldas. En su mesa hay una Bic, papeles, un Excel abierto. La faena de un cagatinta que viaja.

Más allá, hacia la izquierda y contra el vidrio que da al playón, otro tipo también trabaja. Habla, manda mensajes. Mueve la patita. Está más en el teléfono que vivo.

En eso entra una chica y se sienta frente a él. Se saludan y presentan a sí mismos. Acá pasa algo, pienso. ¡Pero claro! Es una entrevista de trabajo.

Justo me llaman por teléfono y me pierdo la charla. Lástima.

La chica se despide y sale y al pasar por la puerta se cruza con otra que también viene a ser entrevistada.

Si es necesario dejo los cinco sentidos en esta estación de servicio, pero de acá no me voy sin entender de qué va el momento.

La segunda candidata tiene unos 20. Se sienta con los brazos cruzados sobre la mesa. Dice que no quiere tomar nada y escucha la explicación del puesto vacante.

Se trata de una empleada administrativa para una obra cercana a Tres Arroyos. Un trabajo que arranca a las 7 y que a veces requiere presencia los domingos.

—Bien —dice ella.

Se despide y se va. Pasa un rato y retomo mi propio trabajo. Tipeo a gran velocidad, podría tipear mirando el techo si quisiera; de hecho lo hago ahora mismo.

Interrumpo mi circo personal porque acaba de entrar otra chica, la que completa la terna.

Es menuda y morocha. Va de campera de cuero negra y Converse blancas. Mueve las manos, se toca el pelo, mastica un chicle. Habla ella, gana el espacio. Después le toca escuchar. Parece no prestar atención. O sí, pero mientras lo hace se mira la uñas.

—¿Cómo te vas a movilizar? —pregunta él.

—Voy a ir sola.

—Bueno. ¿Tenés algunda duda?

—No.

—Ok. Ya estaríamos entonces.

Ella se levanta y se mira en el reflejo del vidrio.

—Hasta lueeeego —dice. Y se va.

Intuyo que hay una definición para el puesto, una ganadora, porque el tipo deja de mover la patita, se levanta y se va.

Me siento un 10 por ciento menos alunada.

Hoy en esta YPF ha pasado algo. Ha nacido una nueva empleada administrativa y yo he estado acá para verlo. Lo de siempre, bah. Si mirás, si de verdad mirás, pasa algo.

Chau.

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