Arreglos en un baño

—¿Ya pasaron cinco minutos?

—Sí, vamos.

Es la tarde del martes 6 de febrero de 2018, hacen 40 grados y un viento que levanta la tierra. No hay luz. Chilli y yo somos amigas de toda la vida y hoy nos encontramos en casa después de cuatro años sin vernos. Ella vive con su novio Ale en Verona, Italia, y está de visita familiar acá en Bahía Blanca.

—Vos tranquila, que acá no pasa nada —le digo a Chilli mientras vamos al baño donde hace unos minutos dejó una prueba de Evatest.

—No, claro, ya sé. No pasa nada.

Abrimos la puerta del baño y sí pasa: dos rayas. Chilli está embarazada. Nos separamos y miramos de lejos, como a dos metros. Somos shock y silencio. Después, lo opuesto.

—¿¡Pero vos te das cuenta, boluda!?

—¡Boludaaaaa!

Chilli busca quedar embarazada desde hace rato. Lloró por Evatests negativos, se hizo estudios, vio médicos, le ofrecieron tratamientos. En Italia una médica le preguntó la edad y cuando escuchó 38 le dijo algo así como “Ti stai spegnendo”. “Te estás apagando”. O eso recuerda Chilli, que es lo que importa.

Tuve que convencerla para que se hiciera el Evatest, le tenía miedo al negativo. Bueno, no tuve que convencerla, tuve que tocarle una teta. Notar que estaba dura como una silicona, que además ella tenía sueño y un retraso y decirle que con miedo y todo el Evatest se lo iba a tener que hacer igual. Que si daba negativo nos íbamos a tomar una cerveza.

Y ahora acá estamos las dos sentadas en el suelo del baño después de años sin vernos, en bikini, transpiradas por el calor y los nervios.

Chilli llora. Nos abrazamos. No sé qué decirle, también lloro.

Hay que llamar al flamante padre a Italia, a Ale. Pero no hay luz. Sin Wi fi no se puede hablar por WhatsApp y el roaming y los datos y no sé qué. Le doy mi teléfono.

—Andate, andate lejos —le digo.

Chilli se aleja, llama, le da la noticia a Ale y viene conmigo a sentarse al patio.

Decimos lugares comunes. “No lo puedo creer”, “ay”, “es increíble, tenías que venir a Argentina para enterarte de esto”.

Hasta que hago algo abominable: me distraigo con el teléfono mientras ella habla. Busco novedades de cuándo la empresa distribuidora del servicio eléctrico va a reponer la luz.

—Estoy tan contenta de vivir esto con vos —dice Chilli—. Gracias.

—Disculpame que quieras seguir hablando de tu primer hijo tan buscado, pero tengo que resolver este problemita con EDES.

Entonces ocurre lo inolvidable. Una carcajada de Chilli. Una en particular. Acá, ahora, la grabo.

Este es para mí el peor verano de los últimos años. Mi papá está muy enfermo y además hay problemas en casa; estoy rota. La carcajada de Chilli, el momento que vivimos recién en el baño, todo eso hoy me arregla.

—La agradecida soy yo —digo.

8 Replies to “Arreglos en un baño”

  1. Maru! Cómo estaba esperando tu relato! Después de que la chiquita me contara cómo y con quién se enteró de su embarazo, no hice más que esperar a que te sentaras a escribir. Qué lindo lo transmitís! Y qué lindo que la hayas acompañado en ese momento tan importante! Gracias por compartirlo. Te mando un beso muy grande, Maru! 😘

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