40 y pascualina

A mi edad, cerca de los 40, puede que quieran tener un hijo. Puede que no puedan. Justamente por eso, por estar cerca de los 40. U otra cosa.

Yo las tengo a ustedes dos, pero a veces quiero un hijo más: el bebé en el pecho, el cachorro, la teta; eso quiero. Pero una enfermedad —colestasis gestacional— además de médicos, Internet, la edad, sentido común, papá, mi profesión, me dicen que mejor no.

La semana pasada mi gran amiga se enteró que estaba embarazada. Con 38 años como yo y 2 hijos no lo había buscado, pero apenas vio las 2 rayas del Evatest me mandó por Whatsapp un emoticón de una chica con panza. Instantáneo: la sorpresa fue alegría. Pero a los 3 días el embarazo se interrumpió y lo que había subido tuvo que bajar. Hoy mi amiga y yo nos abrazamos.

El cuerpo. Van a ver lo que es el cuerpo cerca de los 40. Brama. Igual que a los 20, a los 30. Sólo que a los 40 es más conciente de sí. Sabe que desea. Sabe QUÉ desea. O eso creo, bah. Suena snob.

Conozco muchas maternidades a las que les cuesta arrancar. Desear un tercer hijo es casi una falta de respeto.

Pero igual.

Hace unas noches me acerque a papá mientras trabajaba en la computadora.
—Quiero un bebé —le dije.
—‎…
—Dale. Tengamos otro.
—Vos no podés.
Me dieron ganas de partirle un divorcio por la cabeza. En cambio fui al baño e hice un puchero.

Después fui a la cocina y me puse a hacer una pascualina. Mientras sacaba las cosas de la heladera te pedía a vos, Antonia, que te bañaras e hicieras los deberes. Cortaba la acelga y veía que no me dabas ni cinco de pelota. Cuando tocó el turno de depositar cuidadosamente los huevos enteros sobre el relleno escuché que gritabas desde tu pieza. Decías que necesitabas un acrílico para plástica. Y que pidiera empanadas. Si no te sacudí un alarido de vuelta fue porque esa tarde habías hecho caca con algo que parecía sangre y me tenías asustada. Mientras tanto vos, María, dormías una siesta en el sillón. Mal horario, antes de cenar: ya imaginaba la chinche que te iba a dar al tener que despertarte, bañarte y pasarte el peine de los piojos.

Puede que en un momento cerca de los 40 el cuerpo sepa lo que quiere, lo que no quita que al rato lo sepa mejor.

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